Buceando en el Giannis D

El Giannis D es un carguero de 100 metros de eslora, que se hundió el 19 de Abril de 1.983 tras colisionar con el maldito arrecife de Abu Nuhâs como tantos otros barcos. Desde su colisión hasta su hundimiento, pasaron seis semanas en las que no se pudo hacer nada por él, ya que una vez que ha encallado una parte del casco, la diferencia de tensión entre la parte a flote y la parte encallada hace que el casco se debilite, normalmente por la junta de ambas o bien por la mas dañada por el impacto contra el arrecife, y finalmente acabe partiendose.
En el caso del Giannis D, ha quedado una sección de popa mas o menos bien conservada y escorada a babor, una pequeña sección de proa tumbada sobre su lado de babor y mostrando claramente los daños en su parte inferior y una sección media en la que solo se reconoce un amasijo de hierros.
Empezando la inmersión por la popa, hay que hacer una navegación larga hasta la proa, donde llaman la atención las formaciones de coral en torno a los cables de los mástiles.
De vuelta en la popa y a una cota superior, llama la atención los dos mástiles sobre el puente que forman un arco y que se alza hasta aproximadamente unos cuatro metros de la superficie. Se puede curiosear en el interior del puente de mando y en torno a la chimenea y el enorme molinete que hay en la popa.
De la situación de la hélice de estribor se desprende que el barco arrastro lateralmente por la pendiente del arrecife, desplazándola y convirtiendola en cuatro chapas retorcidas. La hélice de babor debe de estar debajo del casco.
La escalera sugiere que debió de ser por donde la tripulación finalmente abandonó el barco.
En esta foto se muestra la parte inferior de la proa, donde el bulbo ha desaparecido por completo y donde las chapas se arrugan hacia dentro dando una idea de la fuerza del impacto.
En la escala del calado, se puede ver que al barco le falta mas de un metro de proa.
En esta foto se puede ver el escoben del ancla, con la cadena partida. Originariamente, la cadena estaba entera, por lo que hay que suponer que los temporales y las corrientes siguen ejerciendo presión sobre los restos del barco.
Los cables que hay en torno a los mástiles de proa están llenos de corales blandos dándoles un aspecto de guirnaldas.
En el interior del puente y debido a la gran luminosidad, se sienten extrañas sensaciones, pero hay que tener en cuenta que la escora del pecio hace que de una banda a la otra haya una diferencia de cota significativa y que la velocidad de ascenso no deba ser olvidada para recorrerlo.
En esta toma desde una ventana de babor, se distingue el eje de la rueda del timón.
La parte alta de la sección de popa es la que está en mejor estado de conservación, siendo identificables todos los objetos y pudiendose incluso penetrar hasta la sala de máquinas, pero son poco espaciosas y los sedimentos se levantan con facilidad por lo que es aconsejable ir en grupos pequeños y acompañado de alguien que las conozca bien.
Encima del puente hay dos mástiles que forman un arco y que se elevan hasta unos cuatro metros de la superficie, facilitando el ascenso.
En la parte mas baja de la popa hay unos 23 metros, y se pueden ver los desechos del barco una vez que este arrastrase su costado por la pendiente del arrecife.



