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Buceando en el Rosalie Moller


Imagen del Rosallie Moler en los tiempos en que se llamaba Francis y esquema de su situación actual.


Vista de la punta del mástil de proa durante el descenso.

El Rosalie Moller está posado sobre un fondo de unos 45 metros de profundidad y esto condiciona todo el buceo en torno a el. Los dos mástiles se elevan hasta unos 12 o 14 metros de la superficie y no suele haber corriente por lo que el ascenso y el descenso no resultan complicados.


Vista del molinete de proa.

En contraste con el azul claro y transparente del Mar Rojo, en esta inmersión llama la atención que las aguas son verdosas, con poca visibilidad y con muchas partículas en suspensión. Esto es debido a que esta es una zona a cubierto de las corrientes y por tanto con sedimentos fangosos que permanecen en suspensión en el agua.


Sobre la cubierta viven grandes nubes de pequeños peces que son atacados continuamente por grupos de carángidos.

Debido a la gran profundidad a la que se encuentra el barco, el tiempo de permanencia en el mismo es muy corto y las dos inmersiones que hicimos supieron a muy poco, pero en ambas tuvimos que hacer parada de descompresión, lo cual no es muy recomendable tras varios días de buceo intensivo.

Hay que decir que la organización de las inmersiones fue perfecta, con dos cabos de seguridad, uno al mástil de proa y otro al de popa, una botella de seguridad en cada cabo para las descompresiones y varias botellas sobre la cubierta del pecio para el caso de algún apuro inesperado.


Vista de la enorme chimenea tendida sobre la cubierta.

La poca visibilidad que tiene el agua condiciona la imagen que uno se lleva del pecio, ya que no se puede obtener ninguna vista panorámica del mismo y hay que ir componiendo la idea general a partir de detalles aislados.


Vista del gran boquete que causó su hundimiento.

La visión del gran boquete que causó su hundimiento y dos muerto es sobrecogedora. En realidad el barco fue alcanzado en la unión del costado de estribor con la cubierta a la altura del último tercio de la cubierta, pero la mayor parte de los daños se produjeron en el costado desgarrándolo hasta la misma línea de flotación.


Vista del puesto de vigía en el mástil de proa.

De vuelta a la superficie la vista del pecio se va difuminado y solo queda como referencia visual el mástil elegido para el ascenso. Aún así, uno trata de explotar al máximo la inmersión fijándose en los detalles del mástil, como por ejemplo el puesto de vigía, ya a unos 12 metros de la superficie.

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