Desde mi punto de vista, si hay una inmersión en el Mar Rojo que deje una profunda impresión, esa es la que se hace sobre los restos del Salem Express. El enorme número de víctimas, sobre el que no hay una certeza absoluta, hacen de este naufragio una de las mayores tragedias recientes de la navegación civil.
Planeando sobre el pecio, uno tiene dificultades para imaginar como semejante mole pudo escorarse y hundirse en tan pocos minutos, no dando ninguna oportunidad a la mayoría del pasaje.
El pecio reposa sobre su banda de estribor y el puente comienza en unos 14 metros y acaba rondando los 30.
En esa inmersión no suele haber corrientes y con aguas claras se puede ver una panorámica general del pecio.
No todo el interior del buque es accesible, dado que hay pasos estrechos que dan acceso a zonas oscuras y que no se pueden visitar si no es con un cabo guía y con todas las reservas posibles.
Pero otras partes están al alance de una inmersión normal y muestran el caos producido por el vuelco de la nave, como este coche que ahora reposa sobre su costado.
El exterior del buque no está demasiado colonizado debido a lo reciente del naufragio, pero destacan algunas formaciones como este grupo de esponjas tubulares sobre la cubierta.
En el fondo junto a este grupo de salmonetes amarillos pueden observarse multitud de chapas onduladas que formaban un cobertizo para resguardar del sol a las personas que viajaban en las cubiertas exteriores.
Impresionante imagen de la hélice de babor que ahora queda relativamente cerca de la superficie.
En el interior, la vista de los equipajes de los peregrinos que volvían de La Meca agolpados en el fondo es sobrecogedora, dando a la inmersión un clima de sentimientos estremecedores.
En una de las cubiertas interiores para vehículos se puede ver este camión grúa tumbado de costado y que probablemente se debía usar para mover los equipajes.